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Puede sonar a tópico, pero precisamente muchos de ellos son ciertos y funcionan. ¿Qué mejor momento que el inicio del año para marcarse metas y diseñar un plan que nos ayude alcanzarlas? Del mismo modo que planificamos con detalle nuestras vacaciones, razón de más para planificar qué hacer con nuestra vida.

El primer paso es plantearse preguntas tipo ¿qué quiero hacer?, ¿cómo puedo mejorar?, ¿cómo quiero que sea mi situación dentro de seis meses?, ¿qué habilidades reales tengo?, ¿qué habilidades necesito desarrollar para conseguir mi objetivo? Cuando tengamos definidas nuestras preguntas y una respuesta para cada una de ellas, hay que ponerlo todo por escrito y fecharlo.

Si nos hacemos preguntas y las reflejamos por escrito podremos enfocar más fácilmente nuestra energía para lograr los objetivos marcados. Y no deberemos dejarnos influenciar ni por las opiniones de otras personas ni por las circunstancias si se ponen difíciles.

Hay que recordar que el compromiso lo establecemos con nosotros mismos, y que el resto (personas, circunstancias) no forman parte de este “contrato”. No se trata de “despreciar” a nadie, sino de “focalizar” la atención en nuestros objetivos, sin interferencias.

Por descontado nuestros objetivos deben ser realistas, aquellos que sabemos que dependen de nuestro esfuerzo y constancia. De ahí la importancia de  identificar nuestras habilidades para sacarles el mayor partido posible, y aplicar energía “extra” para trabajar en aquello que necesitamos mejorar.

Creer en uno mismo y en lo que queremos aplicando pasión y entusiasmo será el motor que nos impulsará para conseguir nuestros objetivos. Por eso hay que potenciar el pensamiento positivo, visualizarnos viviendo ya la situación que nos estamos esforzando conseguir.

Otra ventaja de marcarnos objetivos es que nos ayuda a conocernos más y a evitar errores que tenemos tendencia a volver a cometer. Independientemente del resultado final de nuestro plan, lo que es seguro es que ganaremos experiencia y auto conocimiento.

Pero además de eso, cuando entramos en una dinámica de acción encaminada a conseguir objetivos, a veces se abren puertas inesperadas. Pueden ser oportunidades que nos hagan variar el camino previsto,  pero siempre siguiendo una ruta alternativa que nos lleve en la misma dirección: hacia adelante.